C
La Controversia de Sión
Douglas Reed

p.198 199 200 201

Capítulo 25


La organización sionista mundial


Si sólo la casualidad, una y otra vez, produce hombres como Karl Marx y el Dr. Theodor Herzl en momentos en que sus actos pueden llevar a consecuencias destructivas fuera de proporción con su propia importancia, entonces la casualidad en el pasado siglo ha sido enlistada en la conspiración contra Occidente. La explicación probable es que una orden más alta ya estaba al cargo de estos eventos y que escogió, o en todos los eventos, usó a Herzl para el rol que él jugó. La brevedad de su curso a través del firmamento (igual como una estrella fugaz), la forma desdeñosa en que cuando su tarea fue completa él fue lanzado a un lado, y su infeliz fin, todo ello habría de dar apoyo a la explicación.

Aquellos que han conocido Viena y su atmósfera en nuestro siglo entenderán a Herzl y su efecto. Una declinante monarquía y una tambaleante nobleza: una clase de judíos que suben de repente y rápidamente a los puestos más altos; estas cosas causaron una
gran impresión entre las masas judías. El Dr. Herzl, en lugar de Neue Freie Presse, le dice ahora como estaba el mundo e instruyó a los políticos en el qué hacer. El obsequioso Obers (camarero) en los cafés de charlas se apuraba para servir a“Herr Doktor!” Era todo nuevo, excitante. La presunción llenaba a Herzl y a los Blowitz de ese tiempo y cuando el Dr. Herzl surgió como el autonombrado heraldo de Sión, los judíos Occidentales se sintieron intimidados e inciertos. ¡Si el Dr. Herzl podía hablar así con los Grandes Poderes, quizás él tenía razón y el Sanedrín napoleónico había estado equivocado!

¿Podría ser verdad que la política fue hecha en la oficina de Dr. Herzl, y no en el Ballhausplatz [Gabinete]? Si un judío de Rusia hubiese escrito El Estado Judío, o intentara preparar una Organización Sionista Mundial, los judíos Occidentales lo habrían ignorado, porque ellos temían a la conspiración del Oriente y por lo menos sospechaban de sus implicaciones. Pero si el Dr. Herzl, un judío Occidental, totalmente emancipado, pensaba que los judíos deben segregarse nuevamente, la materia se estaba poniendo seria.

Herzl afirmó que el caso Dreyfus lo había convencido de la realidad del"antisemitismo". El término era en aquel entonces de bastante reciente acuñación, aunque el Dr. Kastein busca demostrar que el estado de mente denotado por este, es inmemorial diciendo "ha existido desde el momento que el Judaísmo entró en contacto con otros pueblos en algo más que hostilidad vecinal". (Por esta definición la resistencia en la guerra es "antisemitismo", y los "vecinos" en la guerra tribal de los tiempos antiguos, a los cuales se refiere, eran ellos mismos Semitas. Sin embargo, las palabras "en contacto excediendo la hostilidad vecinal" ofrece un buen ejemplo del pilpulismo Sionista.)

Sin embargo, el Dr. Herzl declaró que "el proceso Dreyfus me hizo Sionista", y las palabras son tan vacías como fueron las palabras, más tarde, de Lord Lloyd George,"[el problema de la] Acetona me convirtió al Sionismo" (qué fue demostrablemente falso). El caso Dreyfus le entregó a los judíos la prueba completa de la validez de la emancipación y de la imparcialidad de la justicia bajo ella. Nunca fue un hombre defendido tan públicamente, por tantos o de tal forma vindicado. Hoy naciones enteras, el este de Berlín, no tienen derecho a algún proceso de [199] la ley y occidente que firmó el hecho de su falta de ley, es indiferente a su condición; ellos pueden ser encarcelados o pueden ser asesinados sin cargo o juicio. Aun así en Occidente hoy en día, el caso Dreyfus, el ejemplo clásico de justicia, continúa siendo citado por los propagandistas como el ejemplo hórrido de la injusticia. Si el caso para o contra el Sionismo fue presentado o dejado de lado por el caso Dreyfus, la palabra debiera haber desaparecido de la historia en ese punto.

No obstante el Dr. Herzl exigió que "se nos conceda la soberanía sobre una gran porción del globo, lo suficientemente grande para satisfacer los requisitos justos de una nación" (él no especificó ningún territorio en particular y no se apoyó especialmente hacia Palestina). Por primera vez, la idea de resucitar un estado judío vino bajo la viva discusión entre los judíos del Oriente. (*) El London Jewish Chronicle describió el libro como "una de las declaraciones más asombrosas que se han puesto alguna vez adelante". Herzl, animado así, fue a Londres, en aquel entonces el centro del poder, a sondear su idea. Después de reuniones exitosas en London East End [**], decidió llamar a un Congreso de judíos en apoyo a esto.

Por consiguiente, en marzo de 1897, Judíos de "todo el mundo" fueron invitados a enviar delegados a un "congreso Sionista", un contra-Sanedrín, en agosto, en Munich. Los judíos Occidentales estaban fuertemente opuestos. Los rabinos de Alemania, y luego los judíos de Munich, protestaron, y el lugar de encuentro se cambió a Basilea, en Suiza. Los Judíos de la Reforma de Norteamérica dos años antes habían anunciado que ellos "ni esperaban un retorno a Palestina. . . tampoco la restauración de cualquiera de las leyes con respecto al Estado judío". (Más curioso para relacionarlo hoy, cuando el Rabino Stephen Wise en 1899 sugirió un libro sobre el Sionismo a la Sociedad de Publicaciones Judías de Norteamérica, su secretario contestó, "La Sociedad no puede arriesgar un libro sobre el Sionismo").

Cuando el congreso de Herzl se encontró que la mayoría de los 197 delegados venía de Europa Oriental. Este grupo de hombres preparó una "Organización Sionista Mundial" que proclamó la nación independiente judía y "un hogar públicamente asegurado legalmente" lo que sería su objetivo desde entonces y Herzl declaró "El Estado judío existe". De hecho, unos judíos, afirmando hablar por todos los judíos pero vehementemente repudiados por muchos cuerpos representativos de la Judería Occidental, habían celebrado una reunión en Basilea, y eso era todo.

No obstante, la propuesta, para lo que era importante en esas circunstancias, estaba por fin en la mesa de los asuntos internacionales. El congreso era de hecho un Sanedrín convocado para cancelar las confesiones hechas por el Sanedrín napoleónico ochenta años antes. Ese Sanedrín repudió el nacionalismo separado y cualquier ambición para formar un estado judío; este otro proclamó el nacionalismo separado y la ambición de un estado. Mirando atrás después de cincuenta años, el Rabino Elmer Berger observó, "Aquí estaba la cuña del nacionalismo judío, para ser puesta entre los judíos y otros seres humanos. Aquí estaba el molde permanente de los ghettos en el cual la vida judía

(*) En ese tiempo difícilmente alcanzaba la mente de la multitud Gentil. En 1841 un Coronel Churchill, Cónsul inglés en Smyrna, en la conferencia de los Estados de Europa Central llamada para determinar el futuro de Siria, expuso una propuesta para establecer un estado judío en Palestina, pero al parecer fue desechada con poca o ninguna consideración.

[**]Cuartel Central de los Judíos en Londres[200]

en las naciones de los no emancipados, permanecía comprimida, de tal manera que los procesos auto-generados de emancipación e integración no pudieran entrar en juego."

El Sanedrín napoleónico tenía una falla básica, ahora revelada, de la cual Napoleón puede no haberse dado cuenta. ¡Representaba a los judíos Occidentales, y puede esperarse razonablemente que Napoleón no conoció la fuerza de la compacta masa de judíos gobernada por los Talmúdicos en Rusia, ya que el Dr. Herzl, que ciertamente debería haberla conocido, era ignorante de ella! Hizo el descubrimiento por primera vez en el Congreso Sionista Mundial, llamado por él en expectativa segura de apoyo masivo: "y entonces. . . allí surge ante nuestros ojos una judería rusa, cuya fuerza ni siquiera habíamos sospechado. Setenta de nuestros delegados vinieron de Rusia, y era patente para todos nosotros que ellos representaban la visión y los sentimientos de los cinco millones de judíos de ese país. ¡Qué humillación para nosotros, que habíamos tomado nuestra superioridad por garantizada! "

El Dr. Herzl se encontró cara a cara con sus amos y con la conspiración, la cual a través de él estaba a punto de entrar en Occidente. Había declarado la guerra a la emancipación y, como muchos sucesores, estaba desprevenido de la naturaleza de la fuerza que él había soltado. Pronto fue dejado atrás, como un clarín cuya tarea ya había sido realizada, mientras los verdaderos "gestores" tomaban su lugar.

Él había forjado el instrumento que ellos habrían de usar en su asalto a Occidente. El Dr. Weizmann que se transformó en el verdadero líder, ve esto claramente: "Fue la contribución persistente al Sionismo del Dr. Herzl, haber creado una autoridad parlamentaria central para el Sionismo. . . Esta fue la primera vez en la historia exiliada de la Judería, que un gobierno grande había negociado oficialmente con representantes electos del pueblo judío. La identidad, la personalidad legal del pueblo judío, había sido restablecida."

El Dr. Weizmann probablemente sonrió para sí mismo cuando incluyó las palabras"parlamentario" y "electo". La frase en el medio contiene el gran hecho. Los judíos que se reunieron en Basilea, temidos por la mayoría de los judíos Occidentales, y
sus declaraciones, podrían prestar autoridad sólo para un evento, el cual en ese momento parecía inimaginable; a saber, su reconocimiento por un Gran Poder. Este hecho inconcebible pasó unos años después cuando el Gobierno británico ofreció al Dr. Herzl, Uganda, y ése es el evento al cual el Dr. Weizmann se refiere. Desde ese momento, todos los Grandes Poderes de Occidente, en el efecto, aceptaron a los Talmudistas de Rusia como representantes de todos los judíos, y desde ese momento la revolución-Sionista entró también en Occidente.

Así acabado el siglo de la emancipación que comenzó con tal luminosa perspectiva de envolvimiento común y las premonitorias palabras del Sr. Houston Stewart Chamberlain (escritas justo antes del congreso del Dr. Herzl que se reunió en Basilea) inmediatamente se hicieron verdad y una realidad viviente. Mirando atrás, a las palabras de Gottfried von Herder, cien años antes, "Las naciones más rudas de Europa son esclavas deseosas de la usura judía", Chamberlain escribió que durante el Siglo 19, "un gran cambio ha tenido lugar. . . hoy Herder podría decir lo mismo por más allá de la mayor parte [201] de nuestro mundo civilizado. . . La influencia directa del Judaísmo en Siglo 19 ha llegado a ser así, uno de los asuntos irritantes del día. Tenemos que tratar aquí con un asunto que no sólo afecta el presente, sino también el futuro del mundo."

Con la formación de la Organización Sionista Mundial con la cual los grandes gobiernos de Occidente tenían que tratar, en el efecto, como una autoridad superior a ellos, el irritante asunto comenzó a moldear la forma entera de los eventos. Que afectaría "el futuro del mundo" se puede ver fácilmente en 1956, cuando este libro está concluyéndose; desde el inicio de ese año los líderes políticos de los grandes poderes restantes del Occidente, Bretaña y EEUU, observaron en tonos de triste sorpresa que la próxima Guerra Mundial podría estallar en cualquier momento en el lugar dónde ellos habían establecido “el Estado judío”, y se apresuraron a cruzar el océano en el intento para concertar alguna forma de prevenir esa consumación.

Siguiente
Anterior
Contenido
Inicio
Indice