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La Controversia de Sión
Douglas Reed

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Capítulo 3



Los levitas y la ley


Durante los cientos de años que siguieron la conquista Asiria de Israel, los Levitas en Judah empezaron a compilar la Ley escrita. En el 621 AC produjeron el Deuteronomio y lo leyeron a las personas en el templo en Jerusalén.Éste fue el nacimiento de "la ley Mosaica" que Moisés, si alguna vez vivió, nunca conoció.

Se llama ley Mosaica porque se le atribuye a él, pero las autoridades están de acuerdo que fue el producto de los Levitas, que entonces y después repetidamente hicieron que Moisés dijera (y de esta forma, Jehová) lo que los satisficiera. Su descripción correcta sería "la ley de los Levitas" o "la ley Judaica".

El Deuteronomio
es al Judaísmo formal y al Sionismo lo que el Manifiesto comunista fue para la destructiva revolución de nuestro siglo. Es la base de la Torah ("la Ley") contenida en el Pentateuco, los cuales en sí mismo forman el material crudo del Talmud, que nuevamente dio nacimiento a esos "comentarios" y comentarios de comentarios - comentarios que juntos constituyen la "ley" Judaica.

Por consiguiente el Deuteronomio también es la base del programa político del dominio mundial sobre las naciones expoliadas y esclavizadas, que ha sido por largo tiempo realizada en Occidente durante este Siglo Veinte. El Deuteronomio es de relevancia directa con los eventos de nuestros días, y mucha de la confusión que los rodea, se dispersa si ellos se estudian en su luz.

Fue leído, en el 621 A.C., a una audiencia tan pequeña y en un lugar tan pequeño que sus grandes efectos para el mundo entero, a través de los siguientes siglos hasta nuestro tiempo, son por contraste lo más impactante.

Antes que se compilara el Deuteronomio existía solamente la "tradición oral" de lo que Dios dijo a Moisés. Los Levitas afirmaron ser los guardianes consagrados de esta tradición y la tribu-pueblo tenían que tomar su palabra para ello (sus pretensiones con respecto a esto causaron el enojo principalmente de los "profetas" Israelitas). Si algo hubiese estado escrito antes de la lectura del Deuteronomio, tales manuscritos eran fragmentarios y estaban al cuidado de los sacerdotes, y eran tan poco conocidos por los miembros de una tribu primitiva como lo son los poetas griegos para los que viven en las colinas de Kentucky hoy en día.

Que el Deuteronomio era diferente de algo que había sido conocido o comprendido antes es implícito en su nombre que significa "Segunda Ley". El Deuteronomio, de hecho, era el Judaísmo de los Levitas, revelado por primera vez; los Israelitas (como ya lo hemos demostrado) "no eran judíos" y nunca conocieron esta "Ley."

Significativamente, el Deuteronomio que aparece como el quinto libro de la Biblia de hoy, con un aire de generarse en forma natural de los anteriores, fue el primer libro en ser completado en conjunto. Aunque el Génesis y Éxodo proporcionan el fondo histórico y sientan las bases para él, ellos fueron producidos más tarde por los Levitas, y Leviticus y Números, los otros libros de la Torah, fueron compilados incluso más tarde.

El Deuteronomio
puso las primeras tradiciones vueltas sobre su cabeza, si esto estaba en armonía con los mandamientos morales. Sin embargo, los Levitas estaban dentro de su derecho auto-concedido haciendo cualquier cambio que ellos quisieran, porque ellos estaban divinamente autorizados [14] para enmendar la Ley, tal como oralmente fue revelada por Dios a Moisés en orden de adecuarlas con "las condiciones de existencia constantemente cambiantes en el espíritu de la enseñanza tradicional” (Dr. Kastein).

En esa materia, ellos afirmaron también que Moisés había recibido en el Monte Sinai una Torah oral secreta que nunca debería ser escrita. En vista de la inclusión más tarde del Antiguo Testamento en un volumen con el Nuevo Testamento cristiano, y la asunción del común de los Gentiles que tiene delante de sus ojos toda "la Ley Mosaica", esta calificación es de interés permanente.

El Talmud, tal como es citado por el Dr. Funk, dice, "Dios previó que vendría un día en el tiempo, en que los Paganos se apropiarían de la Torah y le dirían a Israel, 'Nosotros, también, somos hijos de Dios'. Entonces el Señor dirá: 'Sólo aquel que conoce mis secretos mi hijo es'. ¿Y cuáles son los secretos de Dios? Las enseñanzas orales".

A las pocas personas que escucharon leer el Deuteronomio en el 621AC, y que entonces se enteraron por primera vez lo que iba a ser la "Ley Mosaica", se les dijo que los manuscritos habían sido descubiertos. Hoy en día las autoridades del Judaísmo rechazan esto y están de acuerdo que el Deuteronomio fue el trabajo independiente de los Levitas en Judah, en una aislada Judah después del rechazo de los Israelitas y la conquista de Israel. El Dr. Kastein pone el asunto así:

"En el 621 A.C., un antiguo manuscrito empolvado por los años se descubrió entre los archivos. Entregan una curiosa versión de las leyes que se habían codificado hasta ese entonces, una suerte de repetición y variación de ellas, entregando un organizador de instrucciones con respecto a los deberes de los hombres a Dios y a sus vecinos. Estaba organizado en la forma de discursos, supuestamente fueron entregados por Moisés justo antes de su muerte, en el lado más lejano de Jordania. Es imposible determinar quien fue el autor."

Así el Dr. Kastein, un defensor que espera la consumación literal de "la Ley Mosaica" en cada detalle, no cree que su autor fue Jehová o Moisés. Es suficiente para él que fueron producidas por el sacerdocio que entregaba la leyes, los cuales para él, es la autoridad divina.

Tampoco puede decir ahora cuan parecido es el Deuteronomio, tal como lo conocemos ahora, al Deuteronomio que se leyó en el 621A.C., ya que los libros del Antiguo Testamento se revisaron repetidamente hasta el momento de su primera traducción, cuando se hicieron varias otras modificaciones, probablemente para evitar la excesiva perturbación entre los Gentiles. No existen dudas que algo fue cortado entonces, por lo que el Deuteronomio en su forma original puede haber sido de hecho feroz, ya que aquello que resta es lo suficientemente salvaje.

La intolerancia religiosa es la base de esta "Segunda Ley" (la intolerancia racial le seguiría después, en otra "Nueva Ley") y asesinar en nombre de la religión es su principio distintivo. Esto hace necesaria la destrucción de los Mandamientos morales que de hecho son preparados para derribarlos. Sólo aquellos que se relacionan con el culto exclusivo al "celoso" Jehová quedan intactos. Los otros, son enterrados bajo un gran montón de "estatutos y juicios" (regulaciones emitidas [15] bajo una Ley gobernante, como fue) qué en el efecto las cancela.

Así los mandamientos morales contra el asesinato, el robo, el adulterio, la codicia, la mala vecindad, y similares son viciados por una masa de "estatutos" que expresamente ordenan la matanza de otros pueblos, el asesinato de apostatas individualmente o en comunidades, la toma de concubinas de entre las mujeres cautivas, la "destrucción absoluta" que no se deje "nada vivo", la exclusión de "los extraños" de la remisión de sus deudas y similares.

Cuando se llega al final del Deuteronomio, los mandamientos morales han sido anulados de esta forma, con el propósito de una religión, la grandiosa idea política de un pueblo especialmente enviado al mundo a destruir y a "poseer" a los otros pueblos y gobernar sobre la tierra. La idea de destrucción es esencial en el Deuteronomio. Si se saca esta idea, nada del Deuteronomio, o de la Ley Mosaica, restaría.

Este concepto de destrucción como artículo de fe es único, y donde ocurre en el pensamiento político (por ejemplo, en la filosofía comunista) también puede derivar originalmente de la enseñanza del Deuteronomio, ya que no existe ninguna otra fuente donde se encuentre.

El Deuteronomio es sobre todo un programa político completo: la historia del planeta, creada por Jehová para, este "pueblo especial", que será completada por su triunfo y la ruina de todos los otros. Los premios ofrecidos a los creyentes son exclusivamente materiales: matanza, esclavos, mujeres, botín, territorio, imperio. La única condición necesaria para estos premios es la observancia de"los estatutos y juicios" que fundamentalmente ordenan la destrucción de otros. Laúnica culpa definida yace en la non-observancia de estas leyes. La intolerancia es especificada como observancia; la tolerancia como non-observancia, y por consiguiente como culpa. Los castigos prescritos son de este mundo y de la carne, no del espíritu. El comportamiento moral, si es que alguna vez se exigió, sólo es requerido hacia los co-religionarios y se excluyen los "extraños" de él.

Esta forma única de nacionalismo fue presentada primero a los Judahítas en el Deuteronomio como "la Ley" de Jehová y como su palabra literal, comunicada a Moisés. La noción de dominio mundial a través de la destrucción es introducida al comienzo (capítulo 2) de estos "discursos supuestamente entregados" por el Moisés agonizante:

"El Señor me habló a mí, diciendo. . . Este día quiero yo comenzar a poner el miedo de ti y el miedo sobre todas las naciones que están bajo todo el cielo, quienes oirán informes de ti y temblarán, y estarán en la angustia debido a ti". Como símbolo de esto, el destino de dos naciones se muestra en seguida. "El Rey de Sihon y el Rey de Bashan "salieron contra nosotros, él y todas sus personas", donde fueron"absolutamente destruidos, los hombres, y las mujeres, y los pequeños", sólo el ganado fue salvado y "los despojos" fueron tomados "como una presa para nosotros mismos". (La insistencia en la destrucción absoluta es un rasgo recurrente y significante de estas anécdotas ilustrativas). [16]

Estos primeros ejemplos del poder de Jehová para destruir al pagano son seguidos por la primera de muchas advertencias, que a menos que se observen "los estatutos y juicios", Jehová castigará a su pueblo especial dispersándolo entre estos irreligiosos. La enumeración de estos "estatutos y juicios" sigue los Mandamientos, la validez moral de los cuales, se destruye en seguida por una promesa de matanza tribal:

"Siete grandes naciones y más poderosas que ustedes" serán entregadas en las manos de los Judahítas, y: "Tu les destruirás absolutamente; no harás ningún convenio con ellos, ni mostrarás misericordia hacia ellos. . . destruirás su altar. . . porque tu eres una persona santa hacia el Señor tu Dios; el Señor tu Dios te ha escogido para ser el pueblo especial para él, sobre todos los pueblos que están en la faz de la tierra. . . Tu serás bendecido sobre todos los pueblos. . . Y tu consumirás a todas las personas que el Señor tu Dios te entregará; a tus ojos no tendrás piedad de ellos. . . el Señor tu Dios enviará las avispas entre ellos, hasta que ellos abandonen, y se escondan de ti, para ser destruidos. . . Y el Señor tu Dios quitará estas naciones ante ti poco a poco. . . Pero el Señor tu Dios te los entregará, y los destruirás con una destrucción poderosa hasta que ellos sean destruidos. Y él te entregará a sus reyes en tu mano, y tú destruirás sus nombres bajo el cielo; no habrá ningún hombre que puede enfrentarte, hasta que tú los hayas destruido. . . "

En el Vigésimo Siglo DC, los pueblos de occidente, en conjunto, habían dejado de ligar algún significado actual a estas incitaciones, pero los pueblos directamente involucrados pensaban de una manera diferente. Por ejemplo, la población árabe de Palestina huyó en masa de su tierra nativa después de la matanza de Deir Yasin en 1948, porque este evento significó para ellos (tal como sus perpetradores pensaron que significaría) que si ellos se quedaban, serían "destruidos absolutamente."

Ellos supieron que los líderes Sionistas, en sus parloteos con los políticos británicos y norteamericanos del distante Occidente, habían declarado repetidamente que "la Biblia es nuestro Mandato" (Dr. Chaim Weizmann), y ellos supieron (si las gentes Occidentales no comprendieran) que la alusión era a tales pasajes como aquellos en que se ordenaba la "destrucción absoluta" de los pueblos árabes. Ellos supieron que los líderes de Occidente habían apoyado y continuarían apoyando a los invasores y así no tenían ninguna esperanza, ni siquiera de sobrevivir, sólo huir era su salvación. Esta matanza de 1948 DC se relaciona directamente con los "estatutos y juicios" extendidos en capítulo 7 del libro de La Ley que los Levitas completaron y leyeron el 621 AC.

Las incitaciones y fascinaciones del Deuteronomio continúan: ". Ve allí para poseer las naciones mas grandes y más poderosas que tu mismo. . . el Señor tu Dios es él qué la traerá ante ti; como un fuego consumiendo él los destruirá, y él los derrumbará delante de tu cara; así le podrás quitar, y los destruirás rápidamente, cuando el Señor te ha dicho. . . Para que así tu guardes diligentemente todos los mandamientos que yo te he ordenado. . . entonces el Señor quitará todas estas naciones delante de ti, y vosotros poseeréis grandes naciones y más poderosas [17] que ustedes mismos. . . incluso hacia el mar más distante será tu costa. Allí ningún hombre será capaz de estar frente a ti: porque el Señor tu Dios pondrá el miedo a ti y el miedo a ti sobre toda la tierra en que tu camines. . . "

Entonces Moisés, en esta cuenta, enumera los "estatutos y juicios" que deben observarse si quieren obtener todos estos premios, y nuevamente "la Ley" es destruir:

"Éstos son los estatutos y juicios que tu observaras para hacer. . . Tú destruirás absolutamente todos los lugares, en donde las naciones que tú poseas sirvieron a sus dioses. . . Cuando el Señor tu Dios quite las naciones delante de ti, donde te dirijas para poseerlas, y tu tengas éxito en ello: Pon la atención en ti mismo, que tu no caigas en trampas al seguirlos. . . y que tu no preguntes por sus dioses."

Este principio de "la Ley" le exige al creyente que destruya las otras religiones. Era imparcial cuando fue promulgada pero obtuvo un aplicación específica en los siglos posteriores por el hecho que la fe cristiana creció allí, y la masa de judíos se movió entonces, a la misma área geográfica: Occidente. (Esto hizo a la Cristiandad el objeto primario de la orden de destruir absolutamente los lugares". . . ", y dinamitar las catedrales rusas, la apertura de "museos anti-Dios", la canonización de Judas y otros actos de los primeros gobiernos Bolcheviques, que estaban compuestos de nueve de cada 10, de judíos Orientales, eran evidentemente hechos de "observancia" bajo este "estatuto" del Deuteronomio).

Las ideas de la inquisición de herejes y de los denunciantes que Occidente ha usado en sus períodos retrógrados y ha repudiado en sus períodos ilustrados, también encuentra su fuente original (a menos que alguien pueda localizar uno más anterior) en el Deuteronomio. Para que cualquier hereje no pudiera cuestionar la Ley de destrucción, resumida en los párrafos precedentes, el Deuteronomio proporciona el siguiente "si allí se levanta entre ustedes un profeta o un soñador de sueños. . . (él) se pondrá a la muerte"; la crucifixión de Jesús (y las muertes de numerosos protestantes contra el Judaísmo literal) clasifica bajo este "estatuto."

Se solicita la denuncia de parientes que incurren en sospechas de herejía. Este fue el dispositivo terrorista introducido en Rusia por los Bolcheviques en 1917 y copiado en Alemania por los Nacional Socialistas en 1933. El mundo cristiano en el momento, profesó el horror a estas innovaciones de barbarismo, pero el método simplemente se extiende en el Deuteronomio que solicita que cualquiera que diga, "Déjenos ir y servir a otros dioses", sean denunciados por sus hermanos, hermanas, hijos, hijas, esposas y así sucesivamente, y sean lapidados hasta la muerte.

Característicamente, el Deuteronomio prescribe que la mano de un familiar directo o esposo golpeará "primero sobre" la víctima de una denuncia en su muerte y sólo después "la mano de todas las personas". Este "estatuto de la Ley" todavía se observa hoy, en la medida dictada por las condiciones locales y otras circunstancias. No pueden los apostatas ser lapidados hasta la muerte en forma pública en un ambiente de comunidades extranjeras dónde la ley de "los más extraños" podría sostener esto como [18] asesinato, de esta forma una pronunciación formal de "muerte" y una ceremonia de lamento simbólico toma lugar; vea el relato del Dr. John Goldstein para el rito simbólico y un reciente intento para reafirmar la pena literal que durante siglos se infligió a menudo en las comunidades judías cerradas, dónde la ley de "los extraños" no podía alcanzar.

La Ley también demanda que se hagan matanzas de comunidades enteras bajo la acusación de apostasía: "Ciertamente golpearás con violencia a los habitantes de esa ciudad con el filo de la espada, destruyéndoles absolutamente, y todos lo que se encuentre allí."

En este asunto de destruir ciudades, el Deuteronomio distingue entre ciudades cercanas (es decir, Palestina) y ciudades lejanas. Cuando una "ciudad lejana" sea capturada, "golpearás a todo varón con el filo de la espada, pero las mujeres, y los pequeños, y el ganado, y todo lo que esté en la ciudad, incluso todo los despojos de eso, lo tomarás para ti... " Esta incitación en el respeto de mujeres capturadas es un tema recurrente y las disposiciones del Deuteronomio establecen la ley que un aprehensor Judahíta que ve entre los cautivos"una mujer hermosa" puede tomarla para su casa, pero siél "no tuviera deleite en ella" puede devolverla nuevamente.

El caso de una ciudad cercana es diferente; rige la ley de la destrucción absoluta (contra la que Saúl transgredió). "Pero de las ciudades de estas personas que el Señor tu Dios te la entregó para herencia, no dejarás nada que respire con vida; Ya que les destruirás absolutamente. . . tal como el Señor tu Dios te lo ha ordenado." (Este verso 16 del capítulo 20, nuevamente, explica la huida masiva de los árabes Palestinos después de Deir Yasin, dónde nada que respiraba salvó con vida. Ellos vieron que el cumplimiento literal de la ley del 621 A.C. era la orden del día en 1948 DC, y que el poderío del Occidente estaba detrás de este cumplimiento de la Ley de "destrucción absoluta".)

La Segunda Ley continúa: "Tu eres un pueblo sagrado para el Señor tu Dios, y el Señor te ha escogido para que seas un pueblo especial para él mismo, sobre todas las naciones que están en la tierra". Luego sigue "los estatutos y juicios" proporcionan entonces que "cualquier cosa que muera por sí misma", está sucia, no puede comerse, pero "tú lo entregarás a los extraños. . . o puedes venderlos a los forasteros; porque eres un pueblo sagrado hacia el Señor tu Dios."

Cada siete años un acreedor remitirá la deuda de su "vecino", pero "de un extraño tu puedes exigirla nuevamente". El Capítulo 10 (sorprendentemente en este contexto) dice, "Ama por consiguiente a los extraños; porque tu fuiste un extraño en la tierra de Egipto", pero el capítulo 23 lleva la familiar cancelación: "No prestarán con usura a tu hermano. . . a un extraño le puedes prestar con usura" (y los ejemplos más graves de esta discriminación legal entre los "prójimos" y los"extraños" aparecen en libros posteriores).

El Deuteronomio finaliza con el tema de las muy prolongadas, arrolladoras y estruendosas maldiciones-o-bendiciones. Moisés, cerca de su muerte, una vez más exhorta "al pueblo" para escoger entre las bendiciones y maldiciones, y éstas se enumeran.

Las bendiciones son exclusivamente materiales: prosperidad a través del aumento de familiares, [19] cosechas y más ganado; la derrota de enemigos; y el dominio mundial. "El Señor tu Dios te pondrá muy alto sobre todas las naciones de la tierra. . . El Señor te establecerá como pueblo santo para él. . . Y todas las personas de la tierra verán que tu eres llamado por el nombre del Señor; y ellos te tendrán miedo. . . tu le prestarás a muchas naciones, y tu no pedirás prestado. Y el Señor te hará la cabeza, y no la cola; y tú estarás solamente arriba, y tú no estarás abajo. .. "

Estas bendiciones ocupan trece versos; las maldiciones ocupan unas cincuenta o sesenta. La deidad, en cuyo nombre se profieren las maldiciones, claramente se sostiene capaz de hacer el mal (de hecho, esto se declara explícitamente en un libro posterior, Ezekiel, como será mostrado).

El Judaísmo en forma literal, está fundamentalmente basado en el terror y el miedo y la lista desplegada de maldiciones en el capítulo 28 de La Segunda Ley, muestran la importancia que el sacerdocio le concedió a esta práctica de maldecir (qué los Judaístas literales sostienen hasta este momento que su uso es efectivo). ¡Estas maldiciones, sea recordado, son los castigos para la non-observancia, no para las transgresiones morales! "Si tu no escuchas la voz del Señor tu Dios, observar para hacer todos sus mandatos y estatutos. . . todas estas maldiciones vendrán sobre ti. .
. "
La ciudad y la morada, los niños, cosechas y ganado, será maldecido "hasta que tu seas destruido y hasta que tu perezcas absolutamente". Plaga, envejecimiento, inflamación, moho, ruina, hemorroides, costras, picazón, locura, ceguera, hambre, canibalismo y sequía son especificadas. Las esposas de los hombres yacerán con otros hombres; sus niños se perderán en la esclavitud; cualquiera que quede en casa será comido por sus padres, el padre y madre se disputarán la carne y negarán algo para los niños aún con vida. (Estas maldiciones fueron incluidas en la Gran Prohibición cuando fueron pronunciadas contra los apostatas en tiempos relativamente recientes, y en el afianzamiento de la Judería Talmúdica probablemente está en el uso hoy).

Las enfermedades y desastres serían visitantes de las personas "si tu no observas hacer todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, que tu puedas temer este nombre glorioso y atemorizante, el Señor Tu Dios: Yo llamo al cielo y a la tierra para grabar este día contra ti, que yo he puesto ante tu vida y muerte, bendiciendo y maldiciendo; por consiguiente escoge la vida que tanto tú como tu semilla puedan vivir para siempre."

Así fue la vida y las bendiciones que los Judahítas, reunidos en el Templo el 621 A.C., fueron exhortados en el nombre de Jehová y de Moisés para escoger, por su jefe tribal Josiah, portavoz del sacerdocio. El propósito y significado de la existencia, bajo esta "Ley Mosaica", era la destrucción y la esclavitud de otros por causa del pillaje y el poder. Israel puede desde ese momento, sentirse feliz de haber sido pronunciado muerto y haber sido excluido de tal mundo por venir. Los Israelitas se había mezclado en el torrente sanguíneo viviente de la humanidad; en sus orillas los Judahítas fueron dejados encallados en el poder de un sacerdocio fanático que les ordenaba, bajo pena de "todas estas maldiciones", a destruir. [20]

Al terror inspirado por "todas estas maldiciones" los Levitas agregaron también un cebo. Si "el pueblo volviera y obedeciera la voz del Señor, y hace todos sus mandatos. . . ", entonces "todas estas maldiciones" serán transferidas a sus"enemigos" (¡No porque éstos hubiesen pecado, sino simplemente para aumentar la medida de la bendición conferida a los Judahítas rehabilitados!)

En esta doctrina el Deuteronomio revelaba más claramente, el estado que le corresponde al pagano por La Segunda Ley. En el último análisis, "el pagano" no tiene existencia legal bajo esta Ley; ¿Cómo podrían tenerla, cuándo Jehová sólo"reconoce" al "pueblo sagrado"? En la medida que se admite su existencia real, sólo es para los propósitos como aquellos declarados en el verso 65, capítulo 28 y verso 7 del capítulo 30: a saber, los paganos están para recibir a los Judahítas cuando ellos estén dispersos por sus transgresiones y luego, cuando sus invitados se arrepientan y sean perdonados, los paganos heredarán las maldiciones alzadas de los regenerados Judahítas. En verdad, el segundo verso citado entrega el pretexto que "todas estas maldiciones" se transferirán a los paganos porque ellos "odiaban" y "perseguían" a los Judahítas, pero, ¿Cómo podrían ellos se considerados culpables de esto, cuándo la misma presencia de los Judahítas entre ellos era meramente el resultado de "maldiciones" punitivas infligidas por Jehová? Ya que el propio Jehová, según otro verso (64, capítulo 28) asumió el crédito de poner la maldición del destierro en los Judahítas:

"Y el Señor los esparcirá entre todos los pueblos, desde un fin de la tierra incluso hasta el otro. . . y entre estas naciones no encontrarás ninguna facilidad, ni la planta de tu pie tendrá tranquilidad… "

El Deuteronomio emplea este doble sentido (para usar el idioma moderno) en su extensión: el Señor hace sin hogar al pueblo especial entre los paganos por sus transgresiones; los paganos que no tienen ninguna responsabilidad tanto por su destierro o por estas trasgresiones, son sus "perseguidores"; por lo tanto, los paganos serán destruidos.

La actitud de los Judaístas hacia otra humanidad, creación, y el universo en general, se comprende mejor cuando se han ponderado éstos y otros pasajes relacionados, y sobre todo el lamento constante que los judíos son "perseguidos" por todas partes, que en un tono u otro, atraviesa casi toda la literatura judía. Para cualquiera que acepte este libro como La Ley, la sola existencia de ‘otros’ es de hecho persecución; El Deuteronomio simplemente implica eso.

El judío más nacionalista y el judío más ilustrado, a menudo están de acuerdo en una cosa: ellos no pueden considerar al mundo y sus asuntos de cualquiera otroángulo que no sea de verdad desde un ángulo judío, y desde ese ángulo "el extraño" parece insignificante. El pensamiento lo hace así, y éste es el legado de veinticinco siglos de pensamiento judío; incluso aquellos judíos que ven la herejía o la falacia, no siempre puede despojarse completamente del incubus [espíritu maligno] en sus mentes y espíritus.

El pasaje del Deuteronomio que se citó en último lugar, muestra que la secta gobernante describe la falta de hogar como un acto del dios del pueblo especial y al mismo tiempo como persecución por los enemigos del pueblo especial, mereciendo"todas estas maldiciones". Para las mentes de tal egotismo extremo, un incidente político en que 95 Gentiles y 5 judíos pierden sus vidas o la propiedad, es simplemente un desastre anti-judío, y ellos no son [21] conscientemente hipócritas en esto. En el Vigésimo Siglo esta norma de juicio se ha proyectado en las vidas de otros pueblos y aplicado a todos los eventos en la dura experiencia de occidente. Así, vivimos en el siglo de la falacia Levítica.

Habiendo encargado de poner "todas estas maldiciones" en las partes inocentes, si los Judahítas volvieran a la observancia de "todos estos estatutos y juicios", el resucitado Moisés del Deuteronomio prometió una bendición más ("El Señor tu Dios, volverá delante de ti, y él destruirá a estas naciones delante de ti, y tu las poseerás. . . ") y entonces será permitido morirse en la tierra de Moab.

En la "Ley Mosaica" la idea destructiva tomó forma, que fue amenazar la civilización cristiana y Occidente, algo entonces no soñado. Durante la era cristiana un concejo de teólogos tomó la decisión que el Antiguo Testamento y el Nuevo debían unirse en un libro, sin alguna diferenciación, como si ellos fueran el tallo y las flores, en lugar de objetos inmóviles y fuerza irresistible. La enciclopedia que tengo ante mí mientras escribo, establece lacónicamente que las iglesias cristianas aceptan el Antiguo Testamento como de "igual autoridad divina" con el Nuevo Testamento.

Esta aceptación descalificada cubre el contenido entero del Antiguo Testamento y puede ser la fuente original de mucha confusión en las iglesias cristianas y de mucha distracción entre las masas que buscan la Cristiandad, ya que el dogma requiere la creencia en las cosas opuestas al mismo tiempo. ¿Cómo podría el mismo Dios, por mandamiento a Moisés, ordenar a los hombres para amar a sus prójimos y "destruir absolutamente" a sus prójimos?¿Qué relación puede haber allí, entre el Dios universal de amor de la revelación cristiana y la deidad de las maldiciones del Deuteronomio?

Pero si de hecho todo el Antiguo Testamento, incluyendo éstas y otras órdenes, es de "igual autoridad divina" con el Nuevo, entonces el Occidente de hoy en día tiene la autoridad para invocarlo en justificación de esos hechos por los cuales la Cristiandad se negó a sí misma: la importación por parte de los colonos británicos de esclavos africanos a Norteamérica, el tratamiento que le dieron a los indios americanos por parte de los colonos norteamericanos y canadienses, y el duro trato de gobierno que los Afrikaners aplicaron sobre los Bantú del sur de África. Puede poner directamente la responsabilidad por todas estas cosas en su sacerdote cristiano o en su obispo, si ese hombre enseña que el Antiguo Testamento, con su repetida orden para matar, esclavizar, y expoliar es igualmente de "autoridad divina". Ningún religioso cristiano puede sentirse sin culpa, si esto es lo que enseña. La decisión teológica que preparó este dogma fundido sobre la Cristiandad y los siglos por venir a la sombra del Deuteronomio, tal como cayó sobre los Judahítas mismos cuando se los leyeron en el 621 AC.

Sólo otra pieza escrita ha tenido algún efecto comparable en las mentes de los hombres y en las generaciones futuras; si alguna simplificación es permisible, lo más tentador es ver la historia entera de Occidente, y particularmente de este decisivo Vigésimo Siglo, como una lucha entre la Ley Mosaica y el Nuevo Testamento y entre las dos estructuras de la humanidad que los alinea [22] a ellos mismos, detrás de uno u otro de aquellos mensajes de odio y amor respectivamente.

En el Deuteronomio nació el Judaísmo, y este podría haber sido un nacimiento en silencio, y del Deuteronomio nunca se podría haber escuchado nuevamente, si ese asunto hubiese descansado solamente en los Levitas y en sus cautivos Judahítas. Ellos no eran numerosos, y una nación cien veces más grande nunca podría haber esperado dar fuerza a este bárbaro credo en el mundo, por la fuerza de su propio músculo. Había sólo una forma en que "la Ley Mosaica" podría ganar vida y potencia y transformarse en una influencia perturbadora en la vida de otros pueblos durante los siglos a seguir. Esto era, si algún "extraño" poderoso (entre todos esos extraños que tenían que ser maldecidos), algún poderoso rey de todos esos "paganos" que aún tenían que ser destruidos, les apoyaran con armas y tesoros.

Precisamente eso estaba a punto de suceder cuando Josiah leyó La Segunda Ley al pueblo en el 621 AC, y que se repetiría continuamente a través de los siglos hasta nuestros días: ¡la gigantesca improbabilidad de la cosa confronta la igualmente grande y demostrable que es así! Los gobernantes de esas "otras naciones" que serían desposeídas y serían destruidas, repetidamente abrazaron el credo destructivo, cumplieron las órdenes de la secta dominante, y a expensas de sus propios pueblos ayudaron a llevar más allá su extraña ambición.

Unos veinte años después de la lectura del Deuteronomio en Jerusalén, Judah fue conquistada por el rey babilónico, aproximadamente el 596 A.C. En el momento, esto pareció el fin del asunto, que en sí mismo era uno pequeño entre los grandes eventos de ese período. Judah nunca más existió como un estado independiente, y para los Levitas, su Segunda Ley y el auxiliador extranjero, los Judahítas, tal como los Israelitas, habrían sido envueltos en la humanidad.

En cambio, la victoria babilónica fue el comienzo del asunto, o de sus grandes consecuencias para el mundo. La Ley, en lugar de morir, creció más fuerte en Babilonia, dónde por primera vez, un rey extranjero le dio su protección. El permanente estado-dentro de-los-estados, nación-dentro de-las-naciones, fue proyectado, en un principio, en la vida del pueblo; la experiencia inicial en usurpar el poder sobre ellos fue ganada. Mucho sufrimiento para otros pueblos fue urdido entonces.

En cuanto a los Judahítas, o los Judaístas y judíos que surgieron de ellos, parecen haber adquirido el futuro más infeliz de todos. En todo caso, no fue un hombre feliz (aunque era escritor judío de nuestros días, 2,500 años después, el Sr. Maurice Samuel) quién escribió: "… Nosotros los judíos, los destructores, continuaremos siendo los destructores para siempre. . . nada que los Gentiles hagan llenarán nuestras necesidades y demandas."

A primera vista esto parece burlón, venenoso y desvergonzado. El estudioso diligente de la controversia del Sionismo descubre que está más en la naturaleza de un lamento de desesperación, tal como la "Ley Mosaica" debe estrujarse de cualquier hombre que siente que él no puede escapar de su doctrina implacable de
destrucción.

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